Siento que Fui Abusada Pero No Recuerdo Nada: ¿Cómo Abordar esta Situación?


Siento que Fui Abusada Pero No Recuerdo Nada: El Valor de la Prudencia

Por Lic. Adrian Frachia

| Perito Psicólogo Forense

“La sospecha de un trauma no recordado exige una escucha profesional que no precipite verdades ni ignore el malestar.”

Atravesar la duda sobre un hecho traumático del pasado del cual no se conserva un registro nítido es una experiencia profundamente personal y delicada. Se trata de un malestar que, si bien nace en lo íntimo, a menudo impacta en lo legal y vincular, exigiendo un abordaje mucho más humano y presencial que el que cualquier artículo web pueda ofrecer.

La Subjetividad de la Sospecha

Es fundamental comprender que nadie sospecha de un evento de tal magnitud sin que exista, al menos, un elemento de duda o una inquietud que movilice el pensamiento. Esa sospecha merece ser tratada con respeto y seriedad. Sin embargo, en el ámbito pericial, debemos actuar con extrema prudencia: cada caso es singular y lo que motiva una sospecha puede tener orígenes diversos que deben ser analizados sin prejuicios.

Jerarquía de Indicadores: Diferencias Sustanciales

En un análisis serio, no es posible otorgar el mismo valor a todos los fenómenos que alimentan la sospecha. La labor del profesional consiste en desglosar estos indicadores para entender qué nos están diciendo realmente sobre la vivencia de la persona.

  • Indicadores de Orden Físico: La presencia de lesiones, secuelas orgánicas o dolores persistentes posee una cualidad material que debe ser el eje de cualquier investigación pericial.
  • Registros Sensoriales y Conductuales: Reacciones de pánico, rechazos táctiles o bloqueos ante estímulos específicos que el sujeto no logra procesar racionalmente.
  • Fenómenos Oníricos: Si bien los sueños y pesadillas expresan angustia, pertenecen al mundo de lo simbólico. Tomarlos como certeza histórica sin un análisis de contexto es un riesgo técnico que la pericia no puede permitirse.

La Edad como Factor Determinante en el Recuerdo

Un pilar innegociable en la auditoría del recuerdo es considerar la edad cronológica y madurativa que tenía la persona en el momento del presunto hecho. No se puede esperar que un adulto recuerde una vivencia de su primera infancia bajo los mismos parámetros que una vivida en la adolescencia. El cerebro y el psiquismo humano atraviesan etapas de desarrollo que condicionan cómo se registra, cómo se memoriza y, finalmente, cómo se recupera una información.

La Memoria en la Primera Infancia (0 a 5 años)

En esta etapa, el niño aún no ha consolidado el lenguaje simbólico ni la capacidad de pensamiento narrativo. Los recuerdos de este periodo suelen ser puramente sensoriales y episódicos. No hay una “historia” que contar, sino fragmentos de imágenes, sensaciones táctiles o climas emocionales. Es lo que técnicamente se conoce como amnesia infantil: el cerebro reorganiza sus conexiones y los recuerdos tempranos a menudo se vuelven inaccesibles de forma consciente, aunque puedan persistir como huellas en el cuerpo.

La Latencia y la Pre-adolescencia (6 a 12 años)

Aquí el registro ya cuenta con un soporte lingüístico más robusto. Sin embargo, la memoria todavía es altamente vulnerable a la sugestión y a la influencia de figuras de autoridad. Un niño en esta edad puede codificar un abuso bajo los términos que el agresor le impone (“un juego”, “un secreto”), lo que altera no el hecho en sí, sino el significado que se le otorga. El recuerdo puede quedar “sepultado” no por un olvido biológico, sino por un conflicto de lealtades o por la imposibilidad de procesar un evento que rompe con su esquema del mundo.

¿Por qué la edad cambia el “formato” del recuerdo?

Porque la memoria no es un disco rígido, sino un proceso de reconstrucción. A medida que crecemos, nuestra capacidad de dar sentido a lo vivido cambia. Por ello, una persona que sospecha de un hecho ocurrido a los 4 años puede tener certezas corporales pero una ausencia total de imágenes, mientras que si el hecho ocurrió a los 15 años, la ausencia de recuerdo suele responder a mecanismos defensivos mucho más complejos, como la disociación reactiva.

Responsabilidad Ética: El Riesgo de la Falsa Identificación

La prudencia no es solo una herramienta técnica, es una salvaguarda ética. En el terreno de los hechos no recordados, nos enfrentamos a dos escenarios de extrema gravedad que requieren una discriminación experta.

Por un lado, la tragedia de haber sido víctima de un abuso cuya memoria ha quedado fragmentada. Por otro lado, la gravedad de sentirse víctima sin haberlo sido. Ambas situaciones conllevan un sufrimiento real y profundo para la persona, pero sus implicancias vitales y judiciales son opuestas. Atender esta consulta requiere un profesional que no solo valide el dolor, sino que tenga el rigor necesario para evitar que una sospecha se transforme en una falsa certeza inducida por el entorno o por intervenciones terapéuticas inadecuadas.

La Necesidad de una Intervención de Alta Jerarquía

Una demanda de esta naturaleza no puede ser atendida con simplismos. Requiere la pericia psicologica de un profesional serio, formado en psicología del testimonio y con la madurez necesaria para sostener la incertidumbre mientras se realiza la auditoría del relato. El objetivo no es confirmar una sospecha a cualquier costo, sino encontrar la verdad técnica que se esconde bajo el síntoma, protegiendo siempre la integridad del consultante.

“Respetar la duda del consultante implica analizarla con la mayor rigurosidad científica posible.”

¿Desea iniciar una valoración técnica profesional?

Para casos de alta complejidad y sensibilidad, ofrecemos un espacio de consultoría técnica bajo estricta reserva y seriedad profesional.


🔒 Canal de comunicación seguro y privado



Horario de Atención

Lun a Vie • 09:00 a 20:00 h

Consultoría técnica con base en CABA y Provincia de Buenos Aires. Atención virtual disponible para todo el país.