Entrevista clínica forense: la base técnica de una pericia confiable
No es una charla terapéutica ni un interrogatorio: es una técnica específica, con protocolo, que determina buena parte de la calidad de una pericia psicológica.
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La entrevista clínica forense es la técnica central de toda pericia psicológica: es el encuentro estructurado entre el perito y la persona evaluada, diseñado específicamente para recolectar información psicológicamente relevante con validez para un proceso judicial. A diferencia de una conversación espontánea, sigue una lógica y un orden pensados para minimizar sesgos, evitar preguntas sugestivas y obtener un relato lo más fiel posible a la experiencia de la persona, sin inducir ni contaminar su testimonio.
Esta técnica se utiliza en los fueros penal, civil, laboral y de familia, con adaptaciones según el objetivo de cada pericia: evaluar credibilidad de un testimonio, determinar daño psíquico, valorar capacidad parental, o analizar la personalidad de un imputado, entre otros.
En qué se diferencia de una entrevista terapéutica
En un espacio terapéutico, el objetivo es el bienestar de la persona, y el profesional puede intervenir libremente para acompañar, sostener o interpretar. En una entrevista forense, el objetivo es distinto: obtener información válida para responder una pregunta judicial concreta, cuidando en todo momento que la forma de preguntar no condicione la respuesta. Esto implica, entre otras cosas, evitar preguntas cerradas o sugestivas (“¿te tocó acá, verdad?”), dar espacio al relato libre antes de indagar con preguntas específicas, y documentar con precisión tanto lo que se preguntó como lo que se respondió, para que el proceso pueda ser revisado posteriormente.
Qué puede salir mal en una entrevista mal conducida
Una entrevista forense mal diseñada puede comprometer seriamente el valor de una pericia, incluso cuando el resto del proceso fue correcto. Los riesgos más frecuentes son la sugestión (inducir sin querer una respuesta a través de cómo se formula la pregunta), la contaminación del relato (introducir información externa que la persona termina incorporando como propia), y la pérdida de espontaneidad cuando se repiten entrevistas sobre el mismo hecho con distintos profesionales, lo que puede desgastar el relato original. Estos riesgos son especialmente sensibles cuando quien es entrevistado es un niño, niña o adolescente, motivo por el cual existen protocolos internacionales específicamente diseñados para minimizarlos.
Protocolos estructurados: el caso del NICHD
Uno de los protocolos de entrevista forense más reconocidos y estudiados internacionalmente es el desarrollado por el National Institute of Child Health and Human Development (NICHD) de Estados Unidos, pensado originalmente para entrevistar a niños, niñas y adolescentes en casos de presunto abuso. Su estructura organiza la entrevista en fases —presentación, práctica del relato libre sobre eventos neutros, transición al tema de interés, e indagación progresiva desde preguntas abiertas hacia preguntas más específicas— con el objetivo de maximizar la cantidad y calidad de información espontánea antes de recurrir a preguntas dirigidas. Este tipo de protocolos estructurados, adaptados según el caso, son un estándar de referencia en la práctica de entrevista forense, especialmente en el ámbito de niñas, niños y adolescentes y en investigaciones de Cámara Gesell.
Cómo se estructura una entrevista forense
Aunque el formato varía según el protocolo y el objetivo específico, la mayoría de las entrevistas forenses siguen una lógica similar: una fase inicial de presentación y establecimiento de rapport, donde se explica el motivo del encuentro y se generan condiciones de confianza; una fase de relato libre, donde se invita a la persona a contar lo sucedido con sus propias palabras y el mínimo de interrupciones posible; y una fase de indagación específica, donde el perito profundiza sobre puntos relevantes mediante preguntas cada vez más específicas, siempre partiendo de las preguntas más abiertas antes de avanzar a las más cerradas. El cierre de la entrevista suele incluir un espacio para que la persona agregue cualquier información que considere relevante y no haya sido consultada.
Adaptaciones según quién es entrevistado
La entrevista forense no es igual para todas las poblaciones. Con niños, niñas y adolescentes, se prioriza el uso de un lenguaje adaptado a su edad y desarrollo cognitivo, apoyos como el dibujo o el juego cuando resulta pertinente, y protocolos como el NICHD para minimizar la sugestionabilidad propia de esta etapa evolutiva. Con personas adultas imputadas en una causa penal, la entrevista suele integrarse con técnicas de evaluación de personalidad más amplias. Con víctimas de delitos, se cuida especialmente no revictimizar a la persona durante el proceso, evitando repetir innecesariamente el relato del hecho traumático.
La entrevista forense en Cámara Gesell
La Cámara Gesell es un dispositivo con dos ambientes separados por un vidrio espejado: en uno se realiza la entrevista con el niño, niña o adolescente, y en el otro observan las partes del proceso (fiscal, defensa, querella) sin estar presentes físicamente en la sala. Esto permite que la entrevista se realice una única vez, evitando que el niño tenga que repetir su relato ante distintos operadores judiciales, lo cual reduce el riesgo de revictimización y de contaminación del testimonio entre relatos sucesivos. Quien conduce la entrevista dentro de la sala es un profesional especializado, que puede recibir preguntas de las partes a través de un sistema de comunicación, pero que mantiene el control técnico de cómo y cuándo se formulan, evitando que lleguen directamente en un formato inadecuado para la edad del entrevistado.
El rol del perito de parte en esta instancia
Como perito de parte, una de las funciones más relevantes es justamente el control técnico de cómo se desarrolló la entrevista realizada por el perito oficial: si se respetaron las fases del protocolo, si hubo preguntas sugestivas, si se documentó adecuadamente el proceso. Ese control puede sostener un dictamen sólido, o fundamentar una impugnación cuando la entrevista oficial presentó fallas metodológicas relevantes. En paralelo, cuando se solicita una evaluación de parte, la entrevista forense propia se conduce con el mismo estándar de rigor, documentando cada paso para que el proceso resulte revisable por cualquiera de las partes.
Por qué importa la formación específica del entrevistador
Saber hacer una buena entrevista terapéutica no garantiza saber hacer una buena entrevista forense: son habilidades distintas, que requieren formación específica en protocolos de entrevista investigativa, en el desarrollo cognitivo y del lenguaje según la edad, y en el reconocimiento de las propias fuentes de sesgo al momento de preguntar. Un profesional con formación específica en esta técnica reduce significativamente el riesgo de errores metodológicos que después pueden ser usados para cuestionar la validez de toda la pericia, independientemente de cuán sólidas sean sus otras conclusiones.
Preguntas frecuentes
¿Una entrevista forense se graba?
Depende del contexto y el fuero: en muchos casos, especialmente con niños, niñas y adolescentes (por ejemplo en Cámara Gesell), se registra en audio y video. En otros contextos se documenta por escrito con el mayor detalle posible.
¿Qué pasa si la entrevista oficial tuvo preguntas sugestivas?
Puede fundamentar una impugnación del dictamen pericial, señalando la falla metodológica concreta y su impacto en la validez de las conclusiones.
¿El protocolo NICHD se usa en la Argentina?
Sí, es uno de los protocolos de referencia utilizados y estudiados en la práctica de entrevista forense a niños, niñas y adolescentes en el país.
¿Cuánto dura una entrevista clínica forense?
Varía según el caso y el objetivo, pero suele extenderse entre 45 minutos y una hora y media, y en algunos casos requiere más de un encuentro.
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